Hace diez años cambié mi alimentación y pude comprobar y disfrutar como me sanaba. Aprendí a escuchar mi cuerpo, que la función de comer es alimentar y en consecuencia sanar, que la comida que no me alimenta no la necesito.

Empezó un proceso de aprendizaje en el que iba intrínseco un desaprender. Deshacerme de rutinas adquiridas para cubrir necesidades creadas por medios externos. Todo se derrumbó y me vino genial para construir desde ahí una base sólida, una base consciente.

Nació mi hijo Gael y con él un nuevo reto. Una crianza en consonancia con mi nueva mirada. ¡Cuánto aprendizaje y cuánto compartido!

Durante cinco años trabajé en una cooperativa de alimentación ecológica, fue mi activismo, mi trabajo y un continuo aprendizaje. En ella acabé de asentar las bases de mi alimentación y de mi vida.

La despensa se vació para llenarse de vida, eliminé procesados y la llené de los alimentos básicos necesarios para elaborar comida viva y sanadora, la nevera fue otro reto, la llenamos a principio de semana y el fin de semana se vacía, quedándose nuestras cremas de frutos secos y poco más. En la dificultad que tenemos para vaciar y tener lo realmente básico profundizaré en el blog, el proceso lo llamo el Síndrome de la despensa vacía.

Todo el proceso que he vivido con mi alimentación no hubiese ocurrido sin la base que he tenido en mi hogar, en mi infancia, con mi familia, que me acercó a la comida de verdad, a los pucheros, a los sabores de verdad, estuvo en mi, lo recuperé y lo adapté.

Apareció el yoga para integrar la calma que estaba llegando después de tantos cambios y tormentas que pusieron mi vida patas arriba. Escuché a mi cuerpo y llegué a lo más sutil, a lo más íntimo, a mis verdaderas necesidades. Y mi cuerpo, no pudo ser más sabio.

Llegó mi hija India para recordarme que en lo primario está lo extraordinario, que lo llevamos en nosotras y que no hay más que mirar un poco hacia dentro para darse cuenta.

Allané en camino, lo hice blandito y eso me ayudó a entender que tan importante es el foco como la manera de llegar a él. Ahí lo viví, lo sentí y desde ahí vivo. Sintiendo cada paso, sin pensar en los pasos que vendrán ya que los pasos de hoy serán los de mañana.

Vivo hoy y gozo y miro hacia dentro con sutileza, respeto y amor.

2 Comentarios

  • Susana ( Pikotilla)

    La suerte que tengo de haberte conocido, pero más aún ver que esa transformación la puedo leer.

    Me siento ahora muy cerca de tus palabras me resuenan. Pues en Abril empecé mi cambio de alimentación. Y lo sigo casi a rajatabla. Cocinando y cuidándome. Por primera vez he escuchado mi utero. Tan olvidado siempre. Y esto como tú al principio no se hacia donde llegaré.

    Te doy un abrazo gordo y sigue escribiendo y dando brillo a la gente para que comprenda que el cambio es necesario.

    Un besazo!!

    • admin

      Gracias bella, nutre esa bonita luz que tienes. Encantada de compartir y espero poder darte ese abrasivo pronto.
      Muchos besos y gracias por tus palabraaaaas.
      ¡Muas!

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